En uno de los puntos más céntricos de Donostia-San Sebastián se levanta hoy un edificio administrativo. Antes de él, y durante casi noventa años, ocupó ese solar un palacete de estilo afrancesado frente al mar.
Repasamos su historia, los usos que tuvo y las circunstancias de su desaparición.
El proyecto de 1878
El edificio original fue proyectado en 1878 por un arquitecto de apellido Aguirresarobe. Su primer uso fue el Restaurante Oteiza, que contaba con un salón de gran formato y una estética claramente francesa.
Encajaba con el entorno de la época. En los edificios contiguos había pequeños hotelitos —lo que hoy llamaríamos hoteles boutique— orientados al turismo de veraneo de principios del siglo XX.
La rehabilitación de 1911 y la cerámica de Zuloaga
En 1911 el edificio fue rehabilitado respetando su estética original. En esa intervención se incorporó a una de las fachadas cerámica de Daniel Zuloaga.
Es un elemento que aparece en varios edificios emblemáticos de la ciudad, como Correos, el Ayuntamiento, el puente María Cristina o el Hotel María Cristina, y que durante mucho tiempo ha pasado desapercibido para los donostiarras.
Del restaurante al Club Cantábrico
Tras su etapa como restaurante, el inmueble albergó el Club Cantábrico, que permaneció allí hasta 1944, año en que la entidad se trasladó a la avenida.
El derribo de 1964
En 1964, siendo ya un edificio de uso público, se decidió derribarlo por completo para construir el actual.
Las fotografías del antes y el después muestran dos lenguajes arquitectónicos muy distintos: el palacete original, con sus mansardas de estilo parisino, y el volumen contemporáneo que lo sustituyó.
El edificio actual
La construcción que ocupa hoy el solar tiene una fachada singular, que destaca respecto a las de su entorno inmediato.
Acoge dependencias del Gobierno Vasco, entre ellas las relacionadas con vivienda.
¿Podría tener uso residencial?
Es una pregunta que surge con frecuencia al hablar de este tipo de edificios en ubicaciones céntricas.
Tal y como está hoy, la conversión no sería inmediata: habría que habilitar terrazas. Actualmente no existe ningún impedimento técnico para hacerlo, aunque sí requeriría un estudio específico de cómo ejecutarlo.
El obstáculo, por tanto, no es constructivo sino de planeamiento y de decisión sobre el uso del inmueble.
El contexto: una ciudad distinta
Conviene situar cada decisión en su momento. En 1878, Donostia tenía una población muy inferior a la actual y unas necesidades de equipamiento completamente distintas.
Hoy la ciudad ronda los 180.000-190.000 habitantes y requiere infraestructura administrativa capaz de atender tanto a los donostiarras como al conjunto de Gipuzkoa.
El entorno hoy
El espacio ha seguido transformándose. La noria, instalada en Navidad y en otras épocas del año, se ha incorporado al paisaje del entorno.
Su presencia tiene un impacto visual notable para las edificaciones más próximas, aunque en este caso el efecto es menor porque el edificio de la esquina es de uso terciario y no residencial.