Hay una parte de la Real Sociedad que no se ve los domingos y que, sin embargo, explica buena parte de lo que ocurre en el campo: Zubieta, la ciudad deportiva del club.

Junto a Antxon y Marcos hemos recorrido unas instalaciones que han crecido durante cuatro décadas y que hoy son una referencia en el fútbol español. Es también una historia de arquitectura, de urbanismo y de visión a largo plazo.

La base del club es la cantera

De Zubieta salen la mayoría de jugadores de la cantera guipuzcoana, complementada con futbolistas vascos y navarros. Y los datos son elocuentes: en la final de Copa disputada en Sevilla, la Real empezó el partido con seis canteranos y llegó a jugar con diez, los dos goles los marcaron canteranos y el portero decisivo también salió de la casa.

En el otro banquillo, el Atlético de Madrid alineó dos canteranos. Esa es, en esencia, la diferencia entre dos filosofías de club.

No es casualidad tampoco que la Real sea el único equipo de Primera División con un filial en Segunda. Todo eso surge de aquí.

Cómo eran las instalaciones antes

Prácticamente nada de lo que hoy se ve existía. Antes de 1980, la Real entrenaba en el anillo central del hipódromo de Lasarte, donde había campos de hierba.

Cuando Zubieta arrancó había dos o tres campos: el Z1, el campo bueno donde entrenaba el primer equipo, y otro contiguo de hierba artificial, más corto, donde entrenaban los más pequeños.

El Z1 tenía además una particularidad hoy desaparecida: estaba rodeado por un foso. En los años 80 los campos nuevos se hacían así para evitar las invasiones de campo, muy frecuentes entonces. Anoeta también lo tuvo. Los balones que caían dentro había que recuperarlos con una especie de salabardo gigante.

El estadio que iba a sustituir a Atocha

Un detalle poco conocido: los terrenos de Zubieta no se compraron inicialmente para hacer una ciudad deportiva, sino para construir el nuevo estadio de la Real en sustitución de Atocha.

El Z1 era el campo elegido por José Luis Orbegozo para ese proyecto. No salió adelante, pero el club supo rectificar y adaptarse. Hoy esos terrenos son una de sus grandes fortalezas.

Todo Zubieta existe gracias a aquella apuesta inicial de Orbegozo, un visionario que quiso hacer aquí cosas que en su momento no le dejaron.

Los campos actuales y los equipos convenidos

El complejo cuenta hoy con varios campos. Los dos situados en la parte alta están pensados para otros usos del club y, sobre todo, para los equipos convenidos de la Real, que pueden venir a entrenar aquí vengan de donde vengan.

Son campos de hierba, preparados para entrenamientos de nivel. Sirven además para una función menos evidente: igual que la Real ha entrenado alguna vez en las ciudades deportivas del Real Madrid o el Barcelona por problemas de encaje de fechas, esos equipos pueden usar estos campos cuando están de paso.

El estadio principal tiene un aforo de 4.000 plazas y acoge los partidos del Sanse y del equipo femenino. La grada no está centrada porque el monte obligaba a un desmonte demasiado grande, así que se resolvió en el lateral disponible.

Concentraciones dentro de casa

El edificio histórico de Zubieta ha ido transformándose con el tiempo. Hoy alberga los vestuarios y el gimnasio del primer equipo y del Sanse, y en la planta superior, habitaciones para las concentraciones.

Es un cambio de filosofía relevante: la Real ya no concentra a sus jugadores en un hotel, sino en sus propias instalaciones. La zona se completa con una terraza preparada para hostelería los días de partido, con vistas a todo el complejo.

Arquitectura: el edificio del Sanse

El nuevo edificio, diseñado por la arquitecta Izaskun Larzabal, es una de las sorpresas de la visita. Destaca por su enfoque ecológico, con madera en fachada y cubiertas transitables resueltas con cubierta vegetal de plantas rastreras.

Debajo se encuentra el gimnasio del equipo femenino, con vistas directas al campo, y la zona de despachos técnicos. Bajo el conjunto hay además un parking de 100 plazas, que sumado al exterior cubre sobradamente el aforo habitual.

Es un estadio de Segunda División con acabados impecables y un césped en perfecto estado.

Tecnología: el nuevo sistema de análisis

La última incorporación es un sistema de análisis deportivo pendiente de inaugurar. Se instalarán cámaras alrededor de todo el campo para registrar cada movimiento de cada jugador desde cuatro planos distintos.

Permitirá a los técnicos estudiar con detalle los desplazamientos con y sin balón de cada futbolista. Es la clase de herramienta que marca diferencias en la formación de jugadores jóvenes.

La visión a largo plazo

La lectura empresarial de todo esto es igualmente relevante. La directiva presidida por Jokin Aperribay cogió al club en Segunda División y en concurso de acreedores. Desde entonces han llegado seis o siete clasificaciones europeas y dos Copas.

La clave no está solo en la eficiencia económica, sino en la visión a largo plazo. Invertir en cantera no da réditos en el corto plazo, pero es lo que aporta continuidad y evita que los éxitos sean flor de un día.

Sobre esa base es posible competir contra presupuestos muy superiores sin renunciar a la identidad. Y para cualquier chaval de un pueblo de Gipuzkoa, la aspiración sigue siendo llegar a jugar en las categorías inferiores de la Real.

Zubieta, un barrio de Donostia

Conviene recordar un apunte territorial que muchos desconocen: Zubieta es un barrio de Donostia, y el hipódromo que todos llamamos «de Lasarte» está también en terrenos donostiarras.

El entorno sigue transformándose, con el nuevo polígono industrial y la nueva cárcel, cuya apertura liberará los terrenos de la antigua prisión y dará continuidad al desarrollo de Txomin.